​CÓMO VEO LAS ASOCIACIONES DE GANADEROS QUE NECESITA EL CAMPO.


Durante muchos años, las asociaciones de ganaderos han cumplido un papel importante en la representación y defensa de los productores. Pero el campo venezolano ha cambiado, y también han cambiado las circunstancias económicas, sociales e institucionales que rodean nuestra actividad.

Por eso, considero que nuestras organizaciones gremiales también tienen que evolucionar.

No planteo esto como una crítica a ninguna asociación en particular. Tampoco pretendo tener una fórmula única. Lo hago desde mi experiencia como ganadero y desde una inquietud que me ha acompañado durante algún tiempo: ¿qué tipo de asociación necesitamos hoy para enfrentar los problemas reales del productor y contribuir al desarrollo de nuestras regiones?

Pero antes de preguntarnos para qué necesitamos una asociación, quizás debamos comenzar por una pregunta más elemental:

¿POR QUÉ ASOCIARNOS HOY?

Cada época ha tenido sus propios problemas y sus propias circunstancias. Las asociaciones ganaderas que surgieron décadas atrás respondieron a las necesidades de aquel momento, y muchas de ellas fueron fundamentales para organizar y representar a los productores.

Lo viví también desde mi propia familia. Mi padre, junto con otros ganaderos, participó en la formación de una asociación ganadera, algo de lo cual me siento particularmente orgulloso. Aquellos productores entendieron que las circunstancias de su tiempo hacían necesario organizarse y trabajar juntos.

Seguramente enfrentaban problemas diferentes a los nuestros, pero el principio era el mismo: cuando existen necesidades que superan la capacidad individual del productor, asociarse adquiere sentido.

Hoy nos corresponde hacernos nuevamente esa pregunta.

¿Por qué asociarnos hoy?

Porque la realidad del campo ha cambiado. Han cambiado las circunstancias económicas, sociales e institucionales; han aparecido nuevas tecnologías, formas de comunicación y normativas jurídicas; han cambiado los mercados y las maneras de comercializar; existen nuevos desafíos productivos y ambientales, y también nuevas realidades nacionales e internacionales que terminan influyendo, directa o indirectamente, sobre nuestra actividad ganadera.

También necesitamos marcos legales e institucionales capaces de acompañar esa evolución y responder a las necesidades reales de quienes producen en el campo.

Al mismo tiempo, permanecen problemas que el productor conoce desde hace muchos años, algunos incluso desde hace décadas. Vialidad, manejo de las aguas, seguridad, servicios, sanidad, comercialización y seguridad jurídica continúan formando parte de nuestras preocupaciones.

Cuando un problema permanece durante tanto tiempo, no deberíamos acostumbrarnos a convivir con él. Deberíamos preguntarnos si necesitamos nuevas maneras de abordarlo.

Por eso pienso que actualizar nuestra manera de asociarnos no significa desconocer lo que hicieron quienes nos precedieron. Todo lo contrario.

Significa hacer lo mismo que ellos hicieron en su momento: entender la realidad que les correspondió vivir y organizarse para enfrentarla.

Y si esa es la respuesta al por qué, entonces viene la siguiente pregunta:

¿PARA QUÉ NECESITAMOS HOY UNA ASOCIACIÓN DE GANADEROS?

Organizarse alrededor de un propósito común

Muchos de los problemas que enfrenta un productor son de gran magnitud y complejos para resolverlos individualmente.

La vialidad rural, el manejo de las aguas, la sanidad animal, la seguridad rural y jurídica, la formación del personal, la comercialización, el acceso a nuevas tecnologías y la relación con las instituciones son asuntos que trascienden los límites de una unidad de producción.

Por eso sigo creyendo en las asociaciones de ganaderos. Pero pienso que las circunstancias actuales requieren asociaciones eficientes y eficaces, modernas organizacionalmente, independientes, flexibles, transparentes y orientadas al servicio.

Organizaciones capaces de representar al productor, pero también de generar propuestas, promover proyectos, establecer alianzas estratégicas y contribuir a encontrar soluciones.

Fortalecer al productor no solamente beneficia al ganadero.

Cuando una unidad de producción mejora, genera empleo, mueve el comercio, demanda servicios, estimula inversiones y crea oportunidades para las comunidades que viven alrededor de ella. Es una cadena de crecimiento que fortalece la economía local y regional.

Por eso, fortalecer la actividad ganadera es también contribuir al desarrollo de una región.

DIVERSIDAD DE OPINIONES, PERO UNIDAD DE PROPÓSITO

Este es quizás uno de los aspectos sobre los que más he reflexionado.

Una asociación reúne personas diferentes. Es natural que existan opiniones distintas y hasta desacuerdos. Eso es saludable. Escuchar otras posiciones puede ayudarnos a corregir, aprender y tomar mejores decisiones.

Pero una cosa es la diversidad de criterios y otra muy diferente es permitir que una organización termine dividida permanentemente en grupos enfrentados.

Una asociación ganadera debe tener diversidad de opiniones, pero unidad de propósito.

Podemos discutir el cómo, pero deberíamos procurar mantener claro el por qué y el para qué.

Por eso considero fundamentales el diálogo, la búsqueda de consensos, la capacidad de escuchar y el respeto por las diferencias.

También creo que las asociaciones deben procurar mantenerse independientes de posiciones político-partidistas. El productor necesita organizaciones capaces de relacionarse con las distintas instituciones públicas y privadas, plantear sus necesidades y defender sus intereses sin perder su independencia ni desviarse de sus objetivos.

Las diferencias son necesarias. La polarización permanente, en cambio, puede terminar debilitando aquello que precisamente pretendemos fortalecer.

La asociatividad como un modo de ser ganaderos.

UNA ASOCIACIÓN NO SUSTITUYE AL ESTADO

También debemos tener claros los límites.

Una asociación de ganaderos no puede convertirse en gobierno ni asumir permanentemente responsabilidades que corresponden al Estado.

Puede representar, proponer, coordinar, colaborar, hacer seguimiento y contribuir a encontrar soluciones. Puede presentar proyectos, reunir capacidades y servir como interlocutor entre productores e instituciones.

Pero debe hacerlo respetando las responsabilidades de cada quien.

Esto no significa quedarse esperando.

Por el contrario, una asociación organizada debe identificar los problemas, establecer prioridades, elaborar propuestas técnicamente sustentadas, buscar cooperación y hacer seguimiento hasta conseguir resultados.

Para mí, una organización gremial debe existir para ayudar a que las cosas funcionen y funcionen bien, dentro de las responsabilidades que verdaderamente le corresponden.

DE LOS PROBLEMAS A LOS PROYECTOS

Otro cambio que considero necesario es pasar progresivamente de organizaciones que solamente reaccionan ante los problemas a organizaciones capaces de planificar y anticiparse. Es evolucionar de la demanda a la proposición.

Cada región tiene necesidades diferentes. En unas será prioritaria la vialidad; en otras, el manejo de las aguas, la sanidad, la seguridad, la comercialización, la formación o la asistencia técnica.

No podemos pretender resolver todo al mismo tiempo.

Hay que diagnosticar, establecer prioridades y convertir los problemas en proyectos concretos.

Una asociación debería escoger objetivos alcanzables, definir responsabilidades, establecer plazos, buscar los recursos necesarios, medir resultados y rendir cuentas a sus asociados.

Menos dispersión y más capacidad de ejecución.

INSTITUCIONES QUE TRASCIENDAN A LAS PERSONAS

También creo que una asociación sólida no puede depender exclusivamente de quien circunstancialmente ocupe su presidencia o forme parte de una junta directiva.

Las personas pasan; las instituciones deben permanecer.

Quienes asuman responsabilidades deberían recibir una organización y comprometerse a entregarla posteriormente más sólida, organizada y respetada.

Para lograrlo, hacen falta reglas claras, transparencia, rendición de cuentas, continuidad administrativa y memoria institucional.

La asociación debe estar por encima de cualquiera de sus miembros.

Después de más de cuarenta años dedicado a la ganadería, sigo convencido de la enorme capacidad que tiene el productor para resolver dificultades dentro de su unidad de producción.

Pero también he aprendido que existen problemas que individualmente no podemos solucionar.

Ahí está, para mí, el verdadero sentido de asociarnos.

No para pensar todos igual. No para convertir nuestras organizaciones en espacios de confrontación. Tampoco para sustituir las responsabilidades de otros.

Para organizarnos alrededor de objetivos comunes, aprovechar nuestras diferencias, construir consensos y trabajar juntos por el desarrollo del campo.

Y PIENSO EN PALMARITO

Esta visión puede ser necesaria en muchas regiones ganaderas de Venezuela. Pero inevitablemente pienso en Palmarito, una zona de gran importancia ganadera y profundamente ligada a quienes hemos hecho vida en EL LLANO apureño.

Creo que Palmarito necesita una organización capaz de reunir a sus productores alrededor de objetivos comunes, representar sus intereses y contribuir al desarrollo de la región.

Y quizás esa misma reflexión pueda hacerse en muchos otros lugares del país.

Las circunstancias han cambiado. El productor ha cambiado. La ganadería está cambiando. Nuestras organizaciones también tienen que ser capaces de evolucionar.

Quizás ha llegado el momento de pensar no solamente en las asociaciones que tenemos, sino también en las asociaciones que necesitamos para el campo que viene.

Y cualquiera que sea el camino, hay un principio que, a mi manera de ver, debería acompañarnos siempre:

Una asociación ganadera debe tener diversidad de opiniones, pero unidad de propósito.

JJ Ganadero


Comentarios

  1. Un escrito exquisito, un mejor planteamiento. Sensibilidad que he tenido el gusto de compartir. Con el mero ánimo de incluir mi punto de vista, y con el mayor respeto que siempre te he tenido, probablemente la Asociación de Ganaderos mateniendo su esencia se podría ampliar/fortalecer y para Proyectos Específicos, pudiera considerar involucrar/ganar a más actores de cada problemática, en todas las fases de los procesos, desde plantear los problemas, buscar soluciones, integrar actores diversos, considerar los impactos ambientales y sociales, analizar resultados, entre otros aspectos. Considero que los problemas que se viven en las unidades de producción, finalmente afectan a mucho más que solo a sus propietarios y si cada quien lo sigue mirando desde su esquina, el problema sigue creciendo...

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