Del puente de tablas al puente de concreto. Historia de un camino Llanero .
Del Puente de Tablas al Puente de Concreto
Historia de un camino llanero
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Los caminos llaneros
En El Llano, aquellos viejos Puentes de Tablas no solamente unían un sitio con otro. Muchas veces representaban la diferencia entre estar comunicado o quedar completamente aislado durante el invierno.

Para muchos sectores y hatos, un puente podía significar la única posibilidad de sacar producción, movilizar ganado, llevar alimentos, medicinas o simplemente mantener el contacto con otros pueblos y comunidades.
Por eso los caminos y los puentes tenían tanta importancia para la vida de El Llano.
Muchos de los que crecimos en Apure recordamos aquellos viejos “Puentes de Tablas”, construidos sobre caños y pasos difíciles, donde en invierno el viaje podía convertirse en toda una aventura.


Algunos eran estrechos, hechos con madera fuerte de El Llano, y al pasar una camioneta o un camión cargado parecía que todo el puente crujía bajo el peso. Más de uno cruzó rezando… y más de un chofer prefirió bajarse y revisar tabla por tabla antes de seguir.
Pero aquellos puentes representaban progreso.
Muchas veces eran construidos entre varios productores y trabajadores de la zona, a fuerza de trabajo, madera, sudor y voluntad.
Y todos los años, después de los inviernos fuertes, había que volver a repararlos. Todavía recuerdo al negro Zapata mandando a cortar las tablas para mantener el puente operativo y no dejar incomunicada la zona.
Hoy, cuando vemos carreteras y estructuras modernas, vale la pena recordar aquellos caminos de El Llano donde un simple puente podía cambiar la vida de toda una región.
Porque la historia de El Llano también se construyó sobre tablas.
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El nacimiento del camino
La historia de este camino comenzó en la segunda mitad de la década de los noventa y principios de este siglo, cuando varios productores y personas de la zona comenzamos a hablar seriamente sobre la necesidad de mejorar la comunicación hacia el pueblo.
Recuerdo bastante bien aquellas conversaciones con la gente que manejaba Cardonal para poder lograr la alternativa de crear ese camino. En ese momento, llegar o salir hacia La Yegüera no era fácil, especialmente en invierno; era extremadamente complicado.
Y ese aislamiento nos afectaba a nosotros, así como también a muchos productores, trabajadores, familias y a todo el movimiento de la zona.
Vimos entonces que la forma más conveniente de comunicarnos era tratando de unirnos a un terraplén que ya existía, que era el que comunicaba desde la curva de Alfonsa hasta el caño Guaritico.
Y de alguna manera, siempre he dicho que allí tomaban forma los llamados módulos de Apure, aquella idea extraordinaria que quizás no llegó a desarrollarse en todo su contexto, sino en partes aisladas, pero que durante muchos años se evaluó y se habló bastante como una alternativa importante para comunicar grandes zonas del estado Apure.
Comenzamos a trabajar sobre esa idea para lograr la conexión. Había que construir un terraplén bastante largo dentro de La Yegüera que nos comunicara con Guaritico y, desde allí, enlazarnos con el terraplén principal.
Recuerdo muchas reuniones y conversaciones con el doctor José Manuel Orozco, con Manuel Orozco y también con el negro Linares y el negro Zapata, hombres de muchísimo conocimiento de El Llano en aquella época, personas que ayudaron bastante a analizar por dónde podía ser la mejor ruta para lograr aquella comunicación.
Primero evaluamos la posibilidad de comunicarnos por la vía que iba desde Cardonal hacia abajo, donde existían algunos terraplenes que al final conectaban con el actual, aprovechando varios terraplenes viejos que existían en la zona como parte de los módulos de Apure.
En aquel intento hicimos una inversión importante construyendo dos, y casi tres alcantarillados, porque existían varios cortes de agua en esos terraplenes.
Sin embargo, con el paso del tiempo nos dimos cuenta de que aquella alternativa era prácticamente inviable. Los terraplenes estaban muy deteriorados, tenían años sin mantenimiento y prácticamente nadie transitaba por allí.
El trabajo era demasiado difícil y, aunque se hicieron los alcantarillados, al final no logramos establecer una comunicación eficiente por esa vía.
Posteriormente comenzamos a evaluar la posibilidad del terraplén actual, el que hoy conocemos como el tramo que va desde Catire hasta donde doña Alfonsa. Ese ya era un terraplén público y representaba una alternativa mucho más lógica.
Al llegar a la zona de doña Alfonsa, cruzábamos hacia la derecha y tomábamos nuevamente el terraplén. Allí existía un solo corte importante, otro “hueco” del terraplén, que correspondía al caño Mata de Vara, además de una pequeña cañada un poco más adelante donde posteriormente colocamos una alcantarilla.
Fue entonces cuando comenzamos a estudiar seriamente la posibilidad de comunicarnos por allí hacia el caño Guaritico.
Y fue allí cuando finalmente logramos comunicarnos por esa vía y comenzamos a trabajar sobre aquel hueco del terraplén.
En El Llano existen personas extraordinarias. Personas que quizás no tuvieron la oportunidad de estudiar una carrera universitaria, pero poseen conocimientos naturales y una capacidad práctica impresionante.
Yo siempre he dicho que en El Llano hay verdaderos ingenieros, doctores y técnicos formados por la experiencia y la vida misma.
Uno de esos personajes fue Ramón Alexis García.
Recuerdo que, en medio de tantas evaluaciones y conversaciones, Ramón Alexis García, junto con otras personas, me dijeron que podíamos hacer el Puente de Tablas y que no era complicado.
Yo tenía muchas dudas, muchísimas dudas, pero finalmente se hizo así.
Se construyó el viejo Puente de Tablas sobre el caño Mata de Vara y comenzamos finalmente a circular por aquella vía.
Durante años, aquel puente permitió el paso de camionetas, vehículos, trabajadores, productores y familias enteras.
Muchos todavía recordamos el sonido de las tablas cuando pasaban los vehículos encima, especialmente en invierno, cuando el agua corría fuerte debajo del puente y cruzarlo requería paciencia y hasta algo de valentía.
Pero más que un puente, aquello representaba progreso y comunicación para la gente de El Llano.
Con el paso de los años, aquel camino dejó de ser solamente una necesidad de unos pocos productores y terminó convirtiéndose en un verdadero camino público para toda la zona.
Hoy Cardonal ya no existe como una sola unidad. Gran parte fue dividida y vendida, aunque el sitio original todavía permanece en manos de la misma familia.
Pero el camino quedó allí, abierto para todos.
Se calcula que por esa vía circulan hoy más de 200 personas relacionadas de una u otra manera con pequeños, medianos y grandes fundos de la zona.
Y eso es importante entenderlo: el camino es para todos.
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Cuando entendimos que había que construir un nuevo puente
La construcción del nuevo puente de concreto nace realmente hace casi dos años, después de un accidente ocurrido en el viejo Puente de Tablas.
En aquel momento, un camión que transitaba por el puente sufrió un accidente sobre una de las planchas o plataformas que existían en la estructura.
Con el paso de los años, el camino ya se había consolidado; la vía existía, la gente estaba acostumbrada a transitarla y toda la zona dependía de esa comunicación.
Lo ocurrido nos afectó muchísimo, porque entendimos claramente que el viejo puente ya había cumplido su ciclo y que la necesidad de una estructura más segura era cada vez más urgente.
A partir de allí comenzaron nuevamente las conversaciones entre productores y vecinos de la zona.
Se evaluaron distintas posibilidades, distintas maneras de resolver el problema y finalmente se tomó la decisión de construir un nuevo puente de concreto.
No fue una decisión fácil, porque una obra de esa magnitud requiere recursos importantes y una inversión necesaria para garantizar una solución duradera.
Además, costó muchísimo trabajo. Fueron horas y horas de trabajo humano, organización, reuniones, coordinación y esfuerzo constante de un pequeño grupo de productores que decidió asumir la responsabilidad de sacar adelante la obra.
Poco a poco, cuando otras personas comenzaron a ver que realmente sí era posible construir el puente y que la obra avanzaba, muchos otros productores también comenzaron a colaborar.
Las colaboraciones fueron de diferente índole. Hubo personas que ayudaron a bajar materiales; otras colaboraron con logística, transporte o trabajo físico; y también hubo quienes realizaron aportes económicos importantes para poder continuar la construcción.
Sin embargo, también había que entender que la zona ya no era la misma de hace años. Hoy existe una población mucho mayor, más movimiento de vehículos, más actividad ganadera y más necesidad de comunicación permanente.
Además, no resulta sencillo construir una obra de este tipo en una zona apartada de El Llano, donde muchas veces hay limitaciones de maquinaria, personal especializado y recursos técnicos.
Pero aun así se logró.





Y ese es precisamente el puente que se encuentra hoy en construcción y que representa un nuevo paso para el desarrollo y la comunicación de toda la zona.
Entre muchas personas que colaboraron se encuentran Santiago Chacón, Edwin Guevara, Carlos Salah, Otilio Peñalosa (hijo), la familia Rosales, la familia Bolaños y muchos otros productores que más adelante también merecen ser nombrados y reconocidos.
Y en medio de todo este esfuerzo ocurrió una pequeña anécdota que personalmente nos dejó una gran reflexión.
Hace poco, estaba uno de mis hijos junto con algunos vecinos, obreros y parte del personal de La Yegüera trabajando en la obra, cuando llegó un motorizado, un hombre humilde y trabajador llanero.
Se bajó de la moto, metió la mano en el bolsillo y sacó un billete húmedo y arrugado, diciendo que quería colaborar para la construcción del puente.
Sinceramente, creo que ese señor posiblemente dio más que muchos de nosotros.
Y allí entendí algo importante: aquí no se trata de contar quién dio más o quién dio menos. Tampoco de decir “yo hice esto” o “yo puse aquello”.
Lo verdaderamente importante es que logramos que muchas personas entendieran el valor de este camino y la importancia de esta obra para toda la zona.
Cada aporte tuvo valor. Grande o pequeño, todos sumaron para hacer posible algo positivo.
Sabemos que no todos colaboraron, pero prefiero quedarme con lo bueno: que entre productores, vecinos y gente trabajadora de El Llano pudimos unirnos y sacar adelante una obra necesaria que nos beneficia a todos.
Todavía quedan trabajos importantes por hacer.
El tramo desde El Catire hasta donde doña Alfonsa necesita ser levantado nuevamente, porque el terraplén ha bajado mucho con los años.
Además, cerca de la zona de Alfonsa todavía hace falta construir una pequeña alcantarilla o un puente menor, porque allí existe otra cañada que sigue afectando el paso.
Pero lo importante es que el camino continúa avanzando.
Y cuando uno mira hacia atrás y recuerda aquel viejo Puente de Tablas construido con madera, esfuerzo y voluntad llanera, entiende que todo lo que existe hoy comenzó simplemente con la decisión de varias personas de no seguir aisladas.


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Reconocimiento
La construcción de este puente fue posible gracias al esfuerzo, la colaboración y la voluntad de muchas personas.
Agradecemos especialmente a productores, vecinos, trabajadores y familias de la zona que hicieron posible esta obra, entre ellos:
Alfredo Arteaga, Antonio González, Arguimiro Rojas, Jesús Sentella, Branger Sereno, Nolberto Núñez, Chelo Guevara, Jehovan Núñez, Miguel Herrera, Omar Moreno, Pedro González, Alí Rojas, Armando Sereno, Beto Núñez, José Mortadelo, Juan Chipia, Lucas Jara, Pancho Pérez, Wiston Coirán, Alba Milano, familia Rosales, hermanos Bolaños, Carlos Salah, Edwin Guevara, Josman Ortega, Otilio Peñalosa (hijo) y Hato La Yegüera.
De manera muy especial, queremos reconocer el gran esfuerzo y compromiso de Nelson Bolaños, quien asumió gran parte del trabajo operativo de esta obra con enorme dedicación.
Así como también al personal de La Yegüera, muy especialmente a William Puerta, Carlos Coirán, Bartolo y Alberto Peñalosa, operador y mecánico asesor de La Yegüera, junto con los constructores contratistas Humberto y Noel Duque, el soldador Andrick y los albañiles Héctor Salas, Eduardo Salas y Ramón Blanco, cuyo trabajo y compromiso fueron fundamentales durante la construcción.
Y también a muchas otras personas que, de una u otra manera, colaboraron y aportaron para hacer posible esta importante obra para toda la comunidad.



Gracias por el apoyo al GOBERNADOR del Estado Apure @wilderosales1990_ y la alcaldía y alcalde del Municipio Páez.
Buen relato. Quien no haya caminado por un tramo de tablas en una sábana inundada o en un estero, no ha vivido el Llano.
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