Reflexiones sobre la realidad ganadera del Alto Apure.

Introducción


Después de más de cuarenta años dedicado a la ganadería en el Alto Apure, he sentido la necesidad de escribir estas reflexiones. No pretenden ser un tratado técnico o un manual de producción animal. Tampoco buscan presentar recetas universales para hacer ganadería. Son, simplemente, el resultado de una vida recorrida entre sabanas, esteros, hatos, trabajadores de llano, productores, investigadores y muchas horas de observación, aprendizaje y trabajo.


La ganadería me permitió comprender, que producir carne no consiste únicamente en criar ganado. Es entender un ecosistema complejo, donde intervienen el suelo, el agua, las pasturas, los animales y, sobre todo, las personas que toman decisiones todos los días.


Durante estos años he tenido la fortuna de aprender de muchos productores, grandes y pequeños, así como de profesores e investigadores que dedicaron su vida al estudio de la ganadería tropical. Entre ellos ocupan  un lugar muy especial el profesor Darío Montoni (1988) y el Dr Dieter Plasse (1980-1995) cuya manera de analizar los sistemas de producción influyó profundamente en mi forma de entender la empresa ganadera. A ellos , como a muchos otros profesionales que mencionaré a lo largo de estas páginas, les debo una parte importante de mi formación.


Sin embargo, también aprendí que ninguna teoría sustituye la experiencia del campo. El llano enseña todos los días. Enseña cuando las cosas salen bien y, muchas veces, enseña aún más cuando los resultados no son los esperados.


Estas reflexiones nacen con un propósito muy sencillo: compartir algunas ideas que quizá puedan ser útiles para quienes ya trabajan en la ganadería y para las nuevas generaciones que algún día tendrán la responsabilidad de continuar desarrollando el inmenso potencial del Alto Apure.


El Alto Apure: un ecosistema con vocación ganadera.


Siempre he creído que el Alto Apure posee una de las mayores vocaciones naturales para la producción de carne bovina en Venezuela.


No se trata solamente de la extensión de sus sabanas. Es la combinación entre clima, relieve, vegetación y disponibilidad de agua la que, durante siglos, ha permitido desarrollar una ganadería adaptada a las condiciones propias del llano.


El productor llanero aprendió muy temprano que debía trabajar respetando los ciclos naturales del verano y del invierno. Cada estación impone oportunidades y limitaciones que condicionan el manejo de los rebaños, las pasturas y el agua.


Comprender ese comportamiento estacional ha sido una de las claves históricas del éxito de la ganadería llanera.


El llano no debe verse como un ambiente hostil que hay que vencer, sino como un ecosistema que hay que entender.


Cuando el productor aprende a trabajar con la naturaleza y no contra ella, la ganadería encuentra un equilibrio mucho más estable y sostenible.


Evolución de la ganadería en el Alto Apure.


La historia ganadera del Alto Apure comenzó con el ganado introducido durante la época colonial por los españoles.


Aquellos animales de origen ibérico fueron sometidos, durante generaciones, a un proceso natural de adaptación a las condiciones ambientales del trópico. El resultado fue la formación del ganado criollo, capaz de sobrevivir y reproducirse bajo condiciones de alta temperatura, inundaciones estacionales, largas sequías y limitaciones nutricionales.


Durante muchos años, ese ganado constituyó la base de la producción bovina de los llanos venezolanos.


Posteriormente, comenzó la incorporación de genética cebuina y de la raza Brahman, proveniente principalmente de Estados Unidos, Colombia y Brasil. La influencia de estos países resultó determinante en el mejoramiento genético de los rebaños venezolanos y marcó una nueva etapa en la evolución de la ganadería nacional.


A partir de ese momento se inició un largo proceso de mejoramiento genético que transformó progresivamente los rebaños del Alto Apure.


Sin embargo, esa transformación nunca significó borrar lo que ya existía.


Por el contrario, uno de los mayores aciertos de muchos productores fue conservar la extraordinaria adaptación que ya poseían sus rebaños y utilizarla como base para seguir mejorando.


La historia demuestra que la adaptación acumulada durante décadas representa un patrimonio genético que no puede ser reemplazado con facilidad.


El mejoramiento genético como herramienta, no como objetivo.


Con frecuencia se piensa que mejorar una ganadería significa cambiar completamente la raza del ganado. Mi experiencia me llevó a una conclusión diferente.


El mejoramiento genético no es un fin en sí mismo. Es una herramienta para alcanzar objetivos previamente definidos.


Cada productor debe tener absoluta claridad sobre qué desea producir, bajo qué condiciones ambientales trabajará y cuáles son los recursos disponibles en su finca. Solo después de responder esas preguntas tiene sentido decidir qué estrategia genética utilizar.


En muchos casos, el cruzamiento ha demostrado ser una excelente alternativa para combinar adaptación, fertilidad y productividad.


Diversos investigadores venezolanos, entre ellos el doctor Dieter Plasse, realizaron aportes fundamentales para comprender el comportamiento de los cruzamientos entre razas europeas y cebuinas bajo condiciones tropicales.


Sus investigaciones permitieron demostrar que la heterosis puede convertirse en una herramienta de enorme valor cuando existe un programa de mejoramiento bien planificado.


Del mismo modo, los trabajos desarrollados por la doctora Lucía Pearson de Vaccaro (1980) contribuyeron significativamente al conocimiento de los sistemas de producción de leche en ambientes tropicales y al uso racional de cruzamientos adaptados a nuestras condiciones.


Todas estas investigaciones me dejaron una enseñanza muy importante: no existen razas milagrosas.


Existen razas mejor adaptadas para determinados objetivos y ambientes.


La genética siempre debe responder al sistema de producción y nunca al entusiasmo pasajero por una determinada raza.


La genética no trabaja sola.


Uno de los errores más frecuentes en ganadería es atribuir los buenos o malos resultados exclusivamente a la genética.


Durante muchos años, he visto cómo algunos productores incorporan animales de excelente calidad genética esperando que, por sí solos, transformen la productividad de la finca. Con frecuencia, los resultados no corresponden a las expectativas y la culpa termina recayendo sobre la raza o sobre el reproductor utilizado.


La realidad es mucho más compleja.


El comportamiento de un animal depende de la interacción permanente entre su potencial genético y el ambiente donde vive. Alimentación, disponibilidad de agua, calidad de las pasturas, suplementación mineral, manejo sanitario y manejo reproductivo forman parte de ese ambiente que permite expresar —o limitar— el potencial de cualquier rebaño.


Ningún programa de mejoramiento genético puede sostenerse si el ambiente no acompaña ese proceso. Del mismo modo, un excelente ambiente tampoco compensará indefinidamente una genética deficiente.


En el Alto Apure, esta realidad adquiere una importancia aún mayor. La marcada diferencia entre el verano y el invierno, obliga al productor a planificar con mucha anticipación el manejo nutricional y reproductivo de sus animales.


A lo largo de mi vida profesional tuve la oportunidad de aprender de investigadores como el doctor Eduardo Chacón (2000),cuyos trabajos sobre pasturas tropicales me ayudaron a comprender mejor la relación entre el animal y su alimentación, así como del doctor Colbert González, quien contribuyó significativamente al conocimiento del manejo ganadero en nuestros sistemas de producción.


Todos ellos reforzaron una idea que el tiempo terminó confirmándome en el campo: la ganadería no mejora únicamente comprando mejores animales; mejora cuando todo el sistema evoluciona de manera equilibrada.


Algunas convicciones que el tiempo me dejó.


Después de muchos años trabajando en el Alto Apure, si un joven productor me preguntara qué cosas debe evitar para construir una buena ganadería, probablemente no le respondería con un listado de instrucciones.


Preferiría compartir algunas convicciones que el tiempo fue consolidando.


No son reglas obligatorias. Tampoco pretenden convertirse en verdades absolutas.


Simplemente son principios que, desde mi experiencia, considero útiles para quienes desean construir una empresa ganadera sólida y sostenible.


Primera convicción: No sustituya un pie de cría seguro y adaptado a los llanos apureños por la ilusión de encontrar una raza superior.


La adaptación lograda durante décadas constituye uno de los mayores activos de cualquier ganadería. El progreso comienza aprovechando esa fortaleza y construyendo sobre ella.


Segunda convicción: No dependa de una sola fuente de ingresos.


Las condiciones climáticas, los mercados y los ciclos productivos cambian constantemente. Siempre que las condiciones de la finca lo permitan, la diversificación productiva representa una herramienta importante para disminuir riesgos y fortalecer la estabilidad económica de la empresa.


Tercera convicción: Busque siempre agregar valor a lo que produce.


Agregar valor no significa necesariamente instalar una planta industrial. También puede lograrse mediante una mejor organización, alianzas estratégicas, diferenciación del producto, mejor comercialización o una gestión empresarial más eficiente.


Cuarta convicción: La genética y el ambiente deben mejorar juntos.


Invertir únicamente en genética o únicamente en infraestructura produce resultados limitados.


El verdadero progreso ocurre cuando ambos evolucionan simultáneamente.


Quinta convicción: La prepotencia es enemiga del buen ganadero. La humildad para aprender es una de sus mayores fortalezas.


Durante toda mi vida he aprendido de investigadores, profesores, grandes productores, pequeños productores y trabajadores de llano. El conocimiento no pertenece a una sola persona.


Cada conversación, cada visita a un hato y cada intercambio de experiencias, representan una oportunidad para seguir aprendiendo.


Quien cree que ya lo sabe todo, termina estancándose y deja de crecer como productor y como persona.


Sexta convicción: El desarrollo de la ganadería también depende del entorno en el que trabaja el productor.


Una última convicción es que el desarrollo sostenible de la ganadería integral en Venezuela, y en particular de la ganadería del Alto Apure, no depende únicamente del conocimiento técnico ni del esfuerzo del productor. También está condicionado por factores externos que, muchas veces, escapan a su voluntad. La infraestructura, la seguridad, el acceso a los servicios, la fortaleza institucional y las condiciones económicas influyen de manera decisiva en la capacidad de producir, invertir y planificar el futuro. Reconocer esa realidad no es motivo de desánimo, sino una invitación a comprender mejor el entorno sobre el cual debemos construir el futuro de nuestra ganadería.


Entre esos factores, considero fundamentales la seguridad jurídica y la seguridad personal. La seguridad jurídica exige un marco legal, que otorgue estabilidad y confianza al productor para invertir, producir y planificar a largo plazo. En ese sentido, creo que en algún momento el país deberá evaluar y, de ser necesario, perfeccionar la Ley de Tierras, de manera que cumpla plenamente su propósito de promover el desarrollo agropecuario, brindar mayor seguridad jurídica al productor y estimular la inversión y la producción de alimentos en beneficio de toda la sociedad.


La seguridad personal es igualmente indispensable. Constituye una condición que el país debe preservar permanentemente para que quienes viven y trabajan en el campo puedan desarrollar su actividad con tranquilidad, dedicación y confianza. Solo en un ambiente de seguridad es posible invertir, planificar a largo plazo y dedicar todas las energías a producir alimentos, generar empleo, cuidar los recursos naturales y contribuir al desarrollo económico y social de la nación.


Más allá de la Unidad de Producción.


Con frecuencia pensamos que el futuro de una ganadería depende únicamente de las decisiones que toma cada productor.


Eso es cierto, pero solo en parte.


Existen muchas mejoras que dependen directamente de la capacidad de organización, del conocimiento técnico y de la gestión empresarial de cada unidad de producción. Sin embargo, también existen condiciones que superan completamente el ámbito individual.


Comprender esta diferencia resulta fundamental para analizar objetivamente la realidad de la ganadería del Alto Apure.


Es precisamente sobre esos desafíos que quiero reflexionar en la última parte de este artículo.


Los retos de la ganadería del Alto Apure.


Hablar del futuro de la ganadería del Alto Apure obliga a reconocer que existen desafíos de distinta naturaleza.


Algunos dependen exclusivamente del productor. Otros requieren la participación del Estado. Y otros solo podrán resolverse mediante la organización y el trabajo conjunto de los propios ganaderos.


Confundir estas responsabilidades conduce, con frecuencia, a diagnósticos equivocados y a expectativas que nunca llegan a cumplirse.


Lo que depende del productor.


Cada productor tiene en sus manos la posibilidad de mejorar continuamente su unidad de producción, su empresa.


Puede organizar mejor sus procesos, capacitar a su personal, incorporar nuevas tecnologías, mejorar el manejo de sus rebaños, llevar registros confiables y tomar decisiones fundamentadas en información objetiva. También puede fortalecer su cultura organizacional.


La ganadería moderna exige mucho más que producir buenos animales. Exige administrar eficientemente los recursos, conocer los costos de producción, planificar las inversiones y evaluar permanentemente los resultados obtenidos.


En mi experiencia, las mejores empresas ganaderas no son necesariamente las que poseen más tierra o más ganado. Son aquellas que logran combinar conocimiento técnico, organización y disciplina administrativa.


Lo que corresponde al Estado.


Sería injusto atribuir al productor responsabilidades que escapan completamente de su capacidad.


La infraestructura vial, el mantenimiento de drenajes y obras hidráulicas, la creación de un entorno institucional que ofrezca estabilidad, seguridad y confianza al productor, así como el fortalecimiento de las instituciones dedicadas a la investigación, la extensión y la capacitación, constituyen funciones que corresponden al Estado.


Cuando estas condiciones no existen o funcionan deficientemente, la competitividad y el trabajo eficiente de toda la región se ven afectados.


El productor puede adaptarse a muchas dificultades, pero existen limitaciones estructurales que requieren políticas públicas coherentes y sostenidas en el tiempo.


La importancia de las organizaciones de productores.


Hay problemas que ningún productor puede resolver por sí solo.


La organización gremial no debe entenderse únicamente como un mecanismo de representación institucional. Debe convertirse en un espacio para compartir experiencias, promover capacitación, impulsar proyectos comunes y construir consensos alrededor de los grandes temas que afectan al sector.


Durante los últimos años he confirmado aún más esta convicción: cuando los productores trabajan unidos, aumentan significativamente sus posibilidades de influir positivamente en el desarrollo de su región.


La rentabilidad comienza mucho antes de vender.


Existe una idea muy difundida según la cual la rentabilidad depende casi exclusivamente del precio de venta del ganado.


Esta visión no la comparto.


La verdadera rentabilidad comienza mucho antes de que el animal salga de la finca.


Empieza en la eficiencia y eficacia con que se utilizan los recursos disponibles, en el manejo de las pasturas, en la productividad reproductiva, en el control de los costos y en la capacidad administrativa de la empresa.


El precio de venta es importante. Pero la forma de producir suele ser aún más determinante.


El relevo generacional. 


Uno de los mayores desafíos que enfrenta actualmente la ganadería no pertenece únicamente al Alto Apure, ni siquiera al sector agropecuario.


Se trata del relevo generacional.


Cada vez resulta más difícil lograr que los jóvenes encuentren atractivo desarrollar su proyecto de vida en el campo.


No basta con pedirles que permanezcan. Como generación, están llamados a dejar su impronta.


Debemos ofrecerles una actividad organizada, tecnificada, rentable y capaz de brindar oportunidades reales de crecimiento personal y profesional.


El llano seguirá siendo llano.


Pero la manera de hacer ganadería puede y debe evolucionar.


La incorporación de nuevas tecnologías, mejores sistemas de comunicación, herramientas de gestión y procesos empresariales modernos permitirá hacer más eficiente el trabajo sin perder la esencia que caracteriza a nuestra ganadería.


Reflexión final.


Después de más de cuarenta años recorriendo las sabanas del Alto Apure, sigo creyendo profundamente en esta tierra.


Sigo creyendo en su capacidad para producir alimentos, en la fortaleza de su gente y en el enorme potencial que todavía tenemos por desarrollar.


La ganadería ha sido mucho más que una actividad económica: ha sido mi forma de vivir.


Ha sido la escuela donde aprendí que la naturaleza tiene sus propios tiempos, que el conocimiento nunca termina y que el trabajo constante siempre deja enseñanzas.


También aprendí que es perfectamente posible sentir pasión por el campo y, al mismo tiempo, administrar una empresa familiar ganadera con criterios de eficiencia, organización y responsabilidad.


Una cosa no excluye a la otra. Por el contrario, se complementan.


Aspiro a que las nuevas generaciones encuentren un llano cada vez más organizado, más productivo y más atractivo para desarrollar sus proyectos de vida.


Un llano donde la tradición y la innovación convivan naturalmente.


Donde la experiencia de quienes llevan muchos años trabajando pueda encontrarse con el entusiasmo de quienes apenas comienzan.


Y donde producir bien también signifique administrar bien, llevar registros confiables, conocer los costos, cumplir los compromisos y fortalecer una cultura empresarial que contribuya al desarrollo de toda la región.


Si estas reflexiones logran despertar alguna inquietud, generar una nueva conversación o motivar a un joven productor a mirar el llano con optimismo y responsabilidad, sentiré que el propósito con el que decidí escribirlas habrá valido la pena.


Porque, al final, más allá de las razas, de las tecnologías y de los indicadores productivos, sigo convencido de que el verdadero futuro de la ganadería del Alto Apure dependerá siempre de las personas que decidan dedicar su vida a construirla.


Javier Orozco

Comentarios

  1. Excelentes Reflexiones JJ, no sólo por su profundidad, sino también porque están salpicadas de Aprendizaje, de Agradecimiento y sobre todo de una Valor Agregado que está dirigido a la Generación de Relevo, porque no es sólo dejarle un mejor Llano a quienes nos van a suceder, sino dejarle mejores personas al Llano. Felicidades por dedicar este espacio a mejorar lo que tú iniciaste hace más de 40 años y lo has mejorado catapultándote con cada avance tecnológico y vale decir, llevando contigo tu trabajo, tu empresa y a tu gente, siempre hacia adelante y hacia arriba. Te deseo que sigas cosechando Éxitos y sigas acumulando Aprendizaje y, sobre todo, Aplicando y Transmitiendo esos conocimientos.

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